Desde la ventana puede ver perfectamente
cómo él se baja del taxi y se aproxima a la casa. Es superior a sus fuerzas
parar de observarle. Rápidamente suelta la cortina cuando se percata de que
está mirando hacia la ventana. Espera que no haya visto que le estaban
espiando, pero se tranquiliza al comprobar que se trata ciertamente de él.
Antes de tocar el timbre
suspira y piensa que todo había sido todo muy sencillo desde que habían
comenzado a hablar vía WhatsApp. Se estableció una conexión casi de manera instantánea,
creándose una complicidad entre ellos tal que no se ocultaban ningún secreto.
Podía sentir que era su pareja ideal.
Se oye el timbre en toda la
casa. Baja las escaleras corriendo para abrirle la puerta y recibirle. Sabía
que le quería aún sin conocerle en persona. Llevaban mucho tiempo hablando. Pero
ambos sabían que esa situación no se podía dilatar más, por eso le había invitado
a pasar el fin de semana a su casa en el campo. Así comprobarían si es real lo
que habían vivido a través del móvil.
Vuelve a tocar el timbre,
esta vez con insistencia porque sabe que está justo detrás de la puerta. Tiene
dudas de que no quiera abrirle. Ahora desea que no se hubiese ido el taxi.
Quizás era mejor no conocerse y mantener la relación como hasta ese momento. En
cuanto abriese esa puerta ya nada volvería a ser como antes.
Oye el segundo timbre con
la mano en el pomo. Suavemente va girándolo y el pestillo deja de cumplir su
función. Abre lentamente la puerta y le ve de pie con una sonrisa amable, la
barba de cinco días perfectamente arreglada y una luz en sus ojos que hace que
todo lo demás se desvanezca. Sonríe.
- Hola. ¡Qué guapo estás!
- Tú sí que eres guapo, mi
vida.
El mundo se ha reducido a
la mirada entre ellos dos. Se funden en un beso. El primero de muchos.

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