martes, 31 de mayo de 2016

La cita

Se oye el sonido de la verja de entrada que se abre. El taxi se marcha dejándole solo frente a su destino. Hace una respiración profunda mientras piensa que ya no hay vuelta atrás. Siente una ligera brisa en la cara y el sol de verano le da de frente pero no le impide advertir cómo se mueven las cortinas de una ventana del piso de arriba. Sin duda está ahí esperándole. Se mira de arriba abajo para comprobar que la ropa está en su sitio perfecto mientras empiezan a sudarle las manos porque no se acuerda de las frases que había estado ensayando los últimos días para este primer encuentro.

Desde la ventana puede ver perfectamente cómo él se baja del taxi y se aproxima a la casa. Es superior a sus fuerzas parar de observarle. Rápidamente suelta la cortina cuando se percata de que está mirando hacia la ventana. Espera que no haya visto que le estaban espiando, pero se tranquiliza al comprobar que se trata ciertamente de él.

Antes de tocar el timbre suspira y piensa que todo había sido todo muy sencillo desde que habían comenzado a hablar vía WhatsApp. Se estableció una conexión casi de manera instantánea, creándose una complicidad entre ellos tal que no se ocultaban ningún secreto. Podía sentir que era su pareja ideal.

Se oye el timbre en toda la casa. Baja las escaleras corriendo para abrirle la puerta y recibirle. Sabía que le quería aún sin conocerle en persona. Llevaban mucho tiempo hablando. Pero ambos sabían que esa situación no se podía dilatar más, por eso le había invitado a pasar el fin de semana a su casa en el campo. Así comprobarían si es real lo que habían vivido a través del móvil.

Vuelve a tocar el timbre, esta vez con insistencia porque sabe que está justo detrás de la puerta. Tiene dudas de que no quiera abrirle. Ahora desea que no se hubiese ido el taxi. Quizás era mejor no conocerse y mantener la relación como hasta ese momento. En cuanto abriese esa puerta ya nada volvería a ser como antes.

Oye el segundo timbre con la mano en el pomo. Suavemente va girándolo y el pestillo deja de cumplir su función. Abre lentamente la puerta y le ve de pie con una sonrisa amable, la barba de cinco días perfectamente arreglada y una luz en sus ojos que hace que todo lo demás se desvanezca.  Sonríe.

- Hola. ¡Qué guapo estás!

- Tú sí que eres guapo, mi vida.

El mundo se ha reducido a la mirada entre ellos dos. Se funden en un beso. El primero de muchos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario