Salió de la reunión razonablemente
contento. Creyó que había conseguido un acuerdo ventajoso, segar la hierba del
aeropuerto gratis. Lo que en principio a otro no le parecería muy rentable, él
lo consideró una oportunidad. Pensó que sacaría unos cien mil kilos de paja y
obtendría por ella unos cinco mil euros limpios vendiéndosela después a los ganaderos locales. Todo un negocio.
Después de varias jornadas agotadoras de trabajo empacó sus últimas alpacas
llenas de forraje e intentó venderlas. Pero se dio de bruces con la realidad, las
vacas no comían pastos impregnados en queroseno. ¡Vaya putada!
